Ignacio Pinazo y el mar


Textos: Lola Soto Vicario

 

“Las cosas no se deben acabar. Se deben dejar según el saber de cada uno. Hay que perseguir hasta encontrar lo más posible de belleza.” 


                                                                                                      Ignacio Pinazo Camarlench 

Observaciones y conclusiones personales sobre el lenguaje plástico de Ignacio Pinazo Camarlench a partir de una selección de diez apuntes de paisaje de mar.  

Marina. sf. Óleo sobre tabla


Pinazo sorprende un momento de la tarde en la playa con pinceladas intuitivas, muy rápidas, muy gestuales. Son signos prácticamente abstractos que plasman con viva expresión la naturaleza cambiante del agua. Capas más densas de óleo sobre capas diluidas, deja entrever algunos fragmentos del soporte de madera que aportan calidez al conjunto y son también breves grafismos y “sonidos” de la propia pintura que dinamizan la escena. 

Amanecer. sf. Óleo sobre tabla


La neblina del ambiente se sugiere con manchas muy diluidas de blanco alternadas con otras más densas. El fondo del soporte, la madera, se aprovecha para dar un tono cálido a todo el paisaje. Las formas más definidas, siempre abstractas, con pincel o espátula, parecen ir adivinándose de entre la mancha vaporosa sin color, que es la niebla. Escuetos toques en el plano de fondo presagian signos de la llegada del día.

En el espigón. sf. Óleo sobre tabla


Pinazo, como suele hacer, ha aprovechado el fondo oscurecido de la tabla para crear el tono general. Aplica el óleo de distintas maneras, según sea la naturaleza de lo que está pintando. Cada mancha, opaca, transparente, más diluida, empastada, fundida, tiene su razón de ser y define o sugiere distintas sensaciones visuales. Todo está dicho con simplicidad de forma y color contenido; nada sobra y nada falta, y apenas hay límite entre el signo gráfico y la pincelada, entre dibujo y pintura. 

Barca en la playa. sf. Óleo sobre tabla


Cuánto atrevimiento en este pequeño paisaje, cuánta inconcreción, sacrificio de detalles superfluos en favor de la expresión enérgica de la línea y la mancha por sí mismas, sin describir, sin delimitar. Nada empieza y acaba en un lugar concreto. Tan sólo trazos espontáneos, abiertos, manchas absolutamente libres que escapan de la forma. Tan sólo es pintura viva, hecha de breves líneas, ágiles, nerviosas, y campos de color vibrantes, unos sobre otros, que sugieren un momento de la vida junto al mar. 

Playa. sf. Óleo sobre tabla


Pinazo parte aquí de una amplia mancha gris-rosada, transparente, tan diluida y ligera que el fondo de la base oscura ofrece esa impresión de penumbra y crea una media luz. Después, inventa manchas y líneas de pincel más densas, rápidas, hondamente sentidas en lugar de racionalizadas. Todo resulta ligero, suave, fácil, el temblor del pincel, el arrastre y la huella del óleo, empastes en la luz, sin excesos. Toda la composición “respira” gracias a los amplios espacios vacíos; nada está de más. 

Anochecer en la playa. sf. Óleo sobre tabla


Domina en este paisaje un tono general muy bajo de luz, muy íntimo y silencioso. Hay como un recogimiento apenumbrado en toda la escena, sin la luminosidad más explícita de otros cuadros. Unas cuantas figuras aparecen ligeramente desdibujadas en negro, con escuetos toques y huellas de pincel, formando parte de ese fondo de color indefinido. Es un momento de luz muy fugaz que ha emocionado al pintor y le ha sugerido pintarlo de una manera contenida, introspectiva, apagada, muy sensible a ese momento efímero cuando la luz que se extingue da paso a la noche. 

Marina. 1882. Óleo sobre tabla

En este pequeño paisaje apreciamos el palpitar de la vida en cada uno de los distintos signos gráficos, pequeñas manchas, generosos empastes, ágiles líneas, armonía de color. Todo ello está exultante de vida, pintado con ese soplo vital que el pincel de Pinazo infunde a las cosas, intuitivamente, sin detenerse demasiado, tan sólo escogiendo con acierto, poniendo esto, o sacrificando esto otro. El gran espacio azul celeste vacío de elementos, el esquemático dibujo de las figuras, las pinceladas breves de primer plano, todo aparece en sutil combinación y perfecto equilibrio. 

Casetas en la playa. 1886. Óleo sobre tabla


El mar y la tierra son aquí manchas simplemente esbozadas, inacabadas, indeterminadas, que vienen a sugerir que el cielo y el suelo, inaprehensibles, van mucho más allá de los límites del cuadro. Pinazo no rellena, no acaba, no delimita las formas en todos estos pequeños apuntes. Apresa lo fugaz, el soplo de la vida en el momento con recursos gráficos igualmente ligeros, como improvisados por él para decir lo que siente ante tal o cual escena. Crea un ambiente donde palpita la vida que se origina a partir de una sencilla mancha de pintura y breves huellas de pincel. 

Puerto. sf. Óleo sobre tabla


Pinazo introspectivo. La rotundidad de expresión se resume aquí en el amplio espacio vacío que son el cielo y la mar en calma. Únicamente, muy breves signos gráficos del pincel en negro insinúan una lejanía con espigón y barcos. Pinazo adecúa el medio gráfico a aquello que quiere transmitir: el silencio que Pinazo ha visto en la escena no requiere excesos de color o de forma; así, elige los elementos más esenciales y compone el paisaje con sentimiento profundo y elegancia. 

Marina. sf. Óleo sobre tabla


También, en otros pequeños apuntes, Pinazo insiste, repite, borra, pinta encima, corrige. Va tanteando, probando, quitando y poniendo, sacrificando detalles superfluos. Las manchas vibran, ligeras, nos emocionan, son gestos de alguien que ha mirado el mar profundamente y nos devuelve su mirada a través de los medios de la pintura. Pinazo construye su propio mundo como pintor, la línea y la mancha lo expresan todo, lo dicen todo y en su expresión apenas le hace falta mucho más. Nada está puesto al azar. Con muy poco, logra decirlo todo, después de observar detenidamente, seleccionar lo esencial, y expresarlo con sencillez.

En palabras de Pinazo, “poco sabe el que no sabe agrandar lo pequeño y disminuir lo grande. ¡Qué poco se necesita para decir mucho! Y cuánto se habla para decir nada.”



"Estaba el aire dormido; todo parado, y la sensibilidad de los ecos desnuda en un dulce ocio. Y en ese momento pasa un vapor frente a lo más hermoso de la costa; aparición de Calpe y a su lado el Ifach, tallado de luna... El barco se ahogaba de belleza y ha tenido que gritar. Para que la gracia se cumpliese del todo, ha volado la brisa, llevándose las exclamaciones de la sirena, y entonces las arrebataron los montes entrándolas claramente en todos sus recintos.


Todo se quedó sobrecogido viendo pasar el fantasma del barco viajero por en medio del valle, y al derretirse el último acorde encima del ascua blanca de la luna, el barco se ha perdido para siempre dentro de la noche suya; y el paisaje y el mar han vuelto a desceñirse."



 Gabriel Miró
"Años y leguas".
1928 

BIBLIOGRAFÍA

Catálogo Ignacio Pinazo. El paisaje marítimo. IVAM. Generalitat Valenciana. Valencia, 2006. 


MIRÓ, G.: "Años y leguas. Salvat Editores, S.A., Barcelona, 1983. 


Las conclusiones de este estudio están basadas en la observación directa de las  obras por parte de la autora en diferentes museos, instituciones y exposiciones.

Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).

Más información y contacto:

Lola Soto Vicario